La antigüedad

Tal vez la principal característica de la historia del pueblo judío es la de supervivencia, desde los más remotos días de las primeras civilizaciones hasta nuestro tiempo, a pesar de la dispersión y persecución a las que han sido sometidos. Mientras que la mayoría de pueblos, según la historia, han ido perdiendo su identidad, el pueblo hebreo ha preservado la suya.

Sus creencias religiosas y, en especial, la estricta obediencia promulgada en el Antiguo Testamento, son los factores decisivos que han determinado la pervivencia de esta comunidad a través de los siglos.


El antiguo testamento

El Antiguo Testamento se ha constituido en una de las principales fuentes de información acerca de los tiempos antiguos. De su lectura se puede inferir, que el pueblo judío era el epicentro de los principales hechos históricos, cuando la realidad muestra que este pueblo no constituyó un poder importante en Asia Occidental y casi no fueron tenidos en cuenta por los grandes imperios de la época.

Sin embargo, la faja costera de Palestina fue el campo de batalla más utilizado en las guerras en las que participó Egipto contra los invasores del norte. Por ello, aunque pocos en número, los judíos participaron en la mayor parte de los acontecimientos importantes de la época.










Desde las costas del Tigris y el éufrates, se dieron, constantemente en aquellas épocas, emigraciones de pueblos enteros hacia occidente. En una de estas oleadas humanas, Abraham llegó a lo que más tarde se llamaría Israel. A partir de ahí, los judíos delinearon su árbol genealógico y fundamentaron su derecho a la posesión de la Tierra Santa. La historia de José relata su viaje a Egipto, aunque no existan testimonios históricos fehacientes de su permanencia en este país. Con seguridad, se puede afirmar que había muchos judíos entre los esclavos de los faraones de esa época, como lo testimonian las representaciones gráficas egipcias de hombres elaborando ladrillos.


La huida de la esclavitud de Egipto, liderados por Moisés, es un hito en la historia judía, pues el pueblo hebreo llegó a este país como una tribu de pastores nómadas y lo abandonó como un pueblo unido y organizado.


Moisés, cuyo nombre es de origen egipcio, lo liberó para conducirlo a Canaán, la tierra prometida, y se convirtió en la figura heroica que dictó al pueblo las leyes, los mandamientos y las costumbres que identifican a la cultura judía hasta nuestros días.






















Luego de muchas luchas con las diferentes tribus que se encontraban en Canaán, especialmente con los filisteos (que controlaban la producción de armas e implementos de hierro en la región), los israelitas por fin se asentaron en estas tierras hacia el año 1100 a.C. Uno de sus reyes, David, instauró el poder centralizado en Jerusalén, una antigua ciudad en la cima de una montaña, entre el río Jordán y el mar, que podía ser protegida fácilmente de los ataques extranjeros.

La ciudad prosperó económica y culturalmente bajo el reinado de los sucesivos reyes, al tiempo que el control autoritario del gobierno de Jerusalén sobre las zonas adyacentes generó rebeliones que resquebrajaron la unidad política y permitieron la invasión persa, en el año 586 a.C. Los persas destruyeron la ciudad y sus templos, hecho que provocó la huida de muchos judíos. Así se inició la diáspora (voz griega que designa la dispersión del pueblo hebreo a través del mundo), por diferentes zonas del Mediterráneo.


Como reacción a la ocupación persa, los judíos exiliados en Babilonia fomentaron la recopilación y canonización de los libros del Antiguo Testamento y el fortalecimiento de las prácticas rituales del Pentateuco, compuesto por los primeros cinco libros de la Biblia: Génesis, Exodo, Levítico, Números y Deuteronomio.


























El período persa de Palestina finalizó en el año 323 a.C., cuando el emperador griego Alejandro Magno conquistó el territorio.


En el año 63 a.C. el Imperio romano se adueñó de Palestina, que fue gobernada por reyes que contaban con el favor de Roma. Poco antes de la muerte del rey Herodes el Grande, odiado por los mismos judíos por ser extranjero, nació Jesús, quien fue seguido por algunos judíos que dieron origen al cristianismo primitivo.


Grecia

Hacia el siglo XIII a.C., los aqueos, un pueblo proveniente del Asia Menor, invadieron Creta. Allí existía un grado de desarrollo cultural más avanzado que el de los invasores.

Pero los aqueos, que se caracterizaban por el saqueo de ciudades y la piratería, no dieron mayor importancia al modelo de civilización de los cretenses. Constituían una aristocracia guerrera y el valor y la astucia eran las condiciones estimadas porque conducían a la fama, entendida como vencer al tiempo y a la muerte. Este pueblo libró una guerra contra la ciudad de Troya hacia los años 1250-1225 a.C.

En ese entonces, la poesía celebraba a los héroes. Antes había estado relacionada con la religión; en cambio, en época de los guerreros, la poesía ya no era cantada por toda la comunidad en las ceremonias religiosas, sino por un sólo individuo ante los protagonistas de las hazañas. Al principio, quizás el cantor fue uno de los guerreros, después fueron poetas y cantores cortesanos: los bardos, considerados "iguales" respecto a los nobles.

Los aqueos fueron expulsados por los dorios, que concibieron la vida ligada al campo y no ala guerra. Sin embargo, las poesías heroicas continuaron recitándose por los aedos. Con el tiempo y el aporte de cada poeta, se transformaron y de ellas,





















aproximadamente en el siglo VIII a.C., surgieron dos epopeyas atribuidas a Homero: La Ilíada y La Odisea. Los nobles ya no eran osados aventureros, pero les gustaba reconocerse en ese pasado, a través de los héroes homéricos y de los mitos construidos oralmente durante siglos.

Cuando creció el poder de algunos comerciantes enriquecidos, los nobles lograron que la poesía se pusiera al servicio de su clase, que veía amenazada su hegemonía. De esta manera, la función social de la poesía fue didáctica: advertía contra el afán de enriquecimiento y exaltaba los valores de la nobleza.

Atenas: estado democrático y apogeo cultural

Durante los siglos V y IV a.C., Atenas llegó a cierto estado de democracia y su producción artística, literaria, teatral y filosófica de gran impacto en toda la posterior cultura occidental fue importante. Este esplendor ateniense surgió después de derrotar a los persas; como las clases sociales se reacomodaron luego de ese triunfo, todos los ciudadanos libres (sólo una décima parte de los habitantes) participaron. "democráticamente" de la vida política. Atenas extendió su poderío económico y político por el Mediterráneo y fue un gran centro cultural.







La invasión de los macedonios inició la decadencia. Desde fines del siglo IV al I a.C. los nuevos centros culturales tuvieron como modelo la cultura griega o helena, por esto se denominó "helenística" a esta nueva etapa.











Roma

Roma fue fundada a mediados del siglo VIII a.C. La historia, que abarca más de 1.200 años, se puede dividir en tres períodos: en primer lugar, Monarquía (753-509 a.C.), período en el que se consolidó una clase noble que ostentaba el poder frente a los plebeyos, sometidos a ella. Sólo podía ser romano quien tuviese sangre noble. El senado, elegido por los reyes, era el consejero de la monarquía.

En segundo término, vino la República (509-29 a.C.) período en el que el poder lo ejercieron los nobles, es decir, el "pueblo romano". Roma expandió sus fronteras a áfrica, avanzó hacia oriente y occidente y los militares adquirieron gran importancia; tanto así, que comenzaron a disputarse el poder, Esto condujo al periodo denominado Imperio (29 a.C-476 d.C.), caracterizado por la abolición de la República y la consolidación de la institución imperial. Las luchas en el interior de las 46 provincias del Imperio, la decadencia moral y las invasiones bárbaras provocaron la caída del Imperio, el fin de la antigüedad y el inicio de una nueva era.



El Siglo de Augusto

Roma conquistó Grecia en el siglo II a.C. y fue seducida por la civilización helenística. Si bien los romanos extendieron su poder por todo el mundo conocido y se destacaron, por ejemplo, en derecho y en política, Grecia fue su modelo cultural. En este sentido, es muy clara la estrategia puesta en juego por el poeta Virgilio para la constitución del linaje romano, La Eneida, epopeya que narra la fundación de Roma por el troyano Eneas y el inicio de la estirpe que se prolongaría hasta el mismo Augusto.