Continuación

Cuento del administrador

De la misma manera, en nada se diferencia un tirano de un bandido. La siguiente definición fue dada a Alejandro: por la razón de que un tirano, al disponer de un ejército, posee más poder para matar, incendiar, y arrazar todo lo que encuentra a su paso, le llaman general; por la circunstancia de que un bandido sólo dispone de un pequeño grupo de desalmados y únicamente puede causar la inquietud y la ruina a una comarca, es llamado jefe. Como no he leído mucho, no puedo citaros nombres de autores que, sin duda, son verdaderas autoridades en la materia.

Como ya os dije, la esposa de Febo envió por su amante, y sin perder momento se entregaron a sus lascivos apetitos. El cuervo no dijo una sola palabra mientras el hombre y la mujer estaban solazándose, pero cuando su dueño regresó, empezó a cantar:

iCuckoo! iCuckoo! iCuckoo! (1).

- ¡Eh, pájaro! -gritó Febo-. ¿Qué clase de canción es ésta? Acostumbrabas a cantar alegremente y me deleitaba oír tu voz; dime de una vez qué es lo que te sucede y por qué cantas de este modo tan extraño.

-Esta canción viene muy bien al caso -respondió el cuervo-. Febo, he de decirte que a pesar de tu hermosura, de tu linaje, de tu caballerosidad, de tu destreza y de tus buenas cualidades, de tu bella voz y de tu vigilancia, has sido burlado por un villano, un ruin sujeto que no vale un mosquito si se le compara contigo. Vi con mis propios ojos cómo se solazaba con tu esposa en tu propio lecho.

¿Qué más queréis? Sin medir sus palabras, el cuervo le explicó entonces con todo detalle lo que había visto, dándole buen testimonio de la infamia y de la infidelidad de su mujer. Febo se sintió tan lastimado que creyó que el corazón iba a partirse en dos pedazos. En su furor, montó su

 



arco y con una flecha atravesó el pecho de su esposa. Este fue el final de aquella mujer. ¿Qué más queda por decir? Acosado por el remordimiento, Febo destruyó sus instrumentos musicales: el arpa, el laúd, la guitarra ... ; después hizo lo mismo con su arco y las flechas y dijo al cuervo:

-¡Traidor! -gritó-. Tu lengua de víbora me ha conducido a la ruina. ¿Por qué nací? ¿Por qué, ¡oh, Muerte!, no acabas con mi infortunio? ¡Oh, amada esposa, oh, joyel de delicias, que me fuiste tan fiel y constante y ahora yaces bajo tierra, sin ser culpable, me atrevería a jurarlo! Un ser irreflexivo cometió tal villanía. ¡Oh, mente ofuscada, oh, sañuda negligencia causante de la muerte del inocente! Oh, imaginación, llena de infundadas sospechas, ¿dónde está tu inteligencia y tu sensatez? Guárdense los hombres del atolondramiento, no crean nada si no lo ven con sus propios ojos. No os precipitéis en vuestros actos, meditadlo bien antes de asestar el golpe; no descarguéis vuestra cólera basándoos en meras sospechas. ¡Ay! Miles perecieron por causa de la ira. ¡Ay! El dolor me acarreará la muerte.

Y al cuervo le dijo:

-¡Vil traidor! Voy a ajustarte las cuentas. Antes cantabas como un ruiseñor; ahora, mentiroso ladrón, perderás tu hermoso canto y tus blancas plumas, y no hablarás mientras vivas. Este es el castigo que merece a traición: tú y tus descendientes tendréis negro el plumaje, jamás podréis cantar, y de ahora en adelante vuestros graznidos anunciarán la llegada de tempestades, para que jamás te olvides de que fuiste el responsable de mi desdicha.

Al decir ésto, se abalanzó sobre el cuervo y le arrancó todas sus plumas. Después las convirtió en color negro, le quitó el canto y el don de la palabra, y abriendo la puerta, de un puntapié mandó al cuervo al diablo, a quien yo le recomiendo. Ahí tenéis aclarado por qué los cuervos son negros.
(1)En inglés, expresión similar a Cuckold, que significa "cornudo".