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Hemos hablado de intencionalidad y nos vamos a centrar ahora en el sentido más común de
intencionalidad: la que se refiere a los actos.
Una característica permanente de nuestra vida es la de
encontrarnos frecuentemente con opciones diversas para elegir. Por ello, albergamos
intenciones de elegir unas opciones y no otras. Unas opciones nos atraen más y otras menos,
incluso a veces sentimos intensa atracción por unas y profunda repulsa por otras. Siempre
que es posible, elegimos y nos quedamos finalmente con aquello que más nos interesa.
Pues bien, cuando, motivados por nuestras emociones, tomamos
conciencia de nuestros deseos y/o aversiones y, razonando, nos representamos nuestras
intenciones e intentamos elegir entre unos actos u otros, decimos que estamos empleando
nuestra voluntad. Para poseer y ejercer la voluntad hace falta que tengamos intenciones
y, por ende, que seamos conscientes, que tengamos conciencia.
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Nuestra mente opera analizando las posibilidades,
viendo sus pros y su contras. Luego, compara pros y contras de todas estas posibilidades
analizadas, es decir, delibera. Más tarde, selecciona la acción concreta que quiere
ejecutar e intenta ejecutarla con mayor o menor éxito. A realizar esa secuencia de pasos
se le llama "tener voluntad".
Immanuel Kant
(1724-1804) dijo que la voluntad es "razón práctica"; es decir, nuestra racionalidad o
inteligencia cuando se aplica a cuestiones prácticas, a nuestras acciones.
En relación con las acciones humanas y la voluntad hay
además una cuestión que necesariamente hemos de estudiar. Se trata de la libertad.
Un filósofo del siglo XX,
Jean Paul Sartre
(1905-1980) subrayó especialmente la libertad en la caracterización del ser humano.
Dijo, de un modo muy expresivo, que el ser humano está "condenado a ser libre".
Quería decir que la libertad es una propiedad esencial en la definición de ser humano.
Si tenemos varias opciones para elegir y elegimos una es
porque hemos querido esa y hemos descartado las otras. La pregunta consiguiente es:
cuando elegimos ¿hasta qué punto lo hacemos libremente u obligados por otras personas o
las circunstancias? La libertad no desaparece por el hecho de tener que decidir atendiendo
a nuestras circunstancias, más bien éstas forman parte de nuestra libertad. El hombre es
libre, aunque esté influido por muchos factores de su vida, factores que deberá tener en
cuenta en cada momento de su vida. Fue José Ortega y Gasset el que definió al ser humano
con la célebre expresión "yo soy yo y mis circunstancias", es decir, nos situamos siempre
en un tiempo y en un lugar, en un contexto que nos influye, pero que no nos impide ser
libres.
En suma, la libertad es una propiedad de la voluntad humana. Se puede definir como la
independencia de nuestra voluntad para elegir aquello que nos interesa; independencia
aquí significa que, al elegir, no estamos necesariamente obligados ni por otras personas,
ni por las circunstancias u otros factores externos a nuestra propia razón que decide,
por mucho que esas personas, circunstancias y factores puedan influirnos.
En Filosofía se utiliza un término que se remonta, tal como lo usamos ahora, al menos a
la Edad Media. Dicho término sirve para referirse a todo ser racional que, como tal, está
dotado de conciencia y voluntad, por tanto este término aúna todas las propiedades humanas
de las que hemos hablado antes. Es el término persona. Esta palabra se ha popularizado mucho
y se usa en el lenguaje coloquial, de hecho la hemos usado en esta unidad didáctica ya
varias veces, pero al mismo tiempo sigue teniendo un valor primordial en Ética. La persona,
desde una voluntad que se sabe libre, construye su identidad única. Por eso hablamos de
nuestra identidad personal. Somos únicos porque elegimos qué ser y hacer en nuestra vida.
Somos personas.
Podemos, además, desde nuestra libertad, dar respuesta a la pregunta de por qué elegimos
una u otra acción. A ello se le llama hacerse responsable o tener responsabilidad: razonar
o explicar qué nos llevó a tomar cada una de nuestras decisiones. De las personas se espera
que sean responsables de sus actos. El término responsabilidad también es primordial en Ética.
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