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| Conflicto y convivencia |
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Todo problema que se le plantea al ser humano tiene una vertiente grupal dado que el ser
humano es un ser social. No podría ser de otro modo pues nuestro yo, nuestra conciencia,
se forma en un proceso de socialización, como ya dijimos más arriba, y en este proceso
adoptamos destrezas y conocimientos en interrelación con los demás.
Por ello, los problemas humanos, las dificultades que nos encontramos a lo largo de nuestra
vida directa o indirectamente atañen a nuestra relación con los demás hombres y mujeres
(esos otros yo o conciencias que nos rodean). Ciertamente, también hay que tener en cuenta
el entorno natural, los seres vivos y las cosas que no son seres humanos, pero lo que
queremos decir es que incluso esas otras cosas y seres vivos, que vemos o que tratamos,
de modo directo o indirecto están relacionados con otros seres humanos, incluidos nosotros
mismos.
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En vista de esto, diremos que una de las cuestiones de fondo de la conducta humana es la
convivencia con los otros seres humanos. La vida en común es el fondo sobre el que se
tejen nuestras satisfacciones y nuestras insatisfacciones. Pensad por ejemplo en vuestra
familia: vuestros padres, vuestros hermanos, o en vuestros amigos. Como parte de grupos
sociales, desarrollamos nuestra naturaleza humana. Obviamente, a veces la convivencia no
resulta fácil, y surgen problemas, dificultades que debemos resolver. Pero para ello tenemos
nuestras emociones, sentimientos, e inteligencia. Y por supuesto, tenemos a los demás,
con sus respectivas emociones, sentimientos e inteligencia.
La vida humana no es estática. La vida humana es complicada y dinámica. Cambiamos nosotros
y cambian los demás. No pocas veces surgen problemas que hay que solucionar y también
diferencias, desacuerdos, y tal vez, incomodidad, insatisfacción, infelicidad. Hay que
asumir que nuestro mundo es un mundo dinámico y conflictivo, pero ello no significa que
debemos resignarnos a la infelicidad. Somos suficientemente inteligentes como para poder
encaminar nuestras relaciones de modo que estas relaciones sean mejores dentro de las
circunstancias que nos toquen vivir. Ello depende mucho de la actitud que tengamos en
la resolución de nuestros conflictos.
La Filosofía moral o Ética parte de este fondo del convivir conflictivo que es
la vida del ser humano. Desde la antigüedad, los filósofos han pensado, en el marco de
sus teorías, qué actitudes debemos adoptar para enfrentarnos del modo más positivo a los
conflictos.
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Platón
(427/428 a 347 a. C.) se refirió al control racional, inteligente, de nuestras emociones.
La razón, la inteligencia humana ha de controlar estas emociones para que éstas no se
"disparen" y nos hagan llegar a extremos indeseados.
El gran filósofo Aristóteles, discípulo de Platón, el mismo que dijo que el ser
humano es un animal social, destacó la importancia de la moderación de nuestras emociones
y sentimientos. Él habló de un "justo punto medio" que cada hombre debía buscar. Un ejemplo
que puso el propio Aristóteles es el punto medio entre la cobardía y la temeridad; este
punto medio es la valentía bien entendida en cada persona.
La inteligencia humana hace posible una educación sentimental o emocional encaminada a que
surjan en nosotros actitudes positivas para conducir nuestra vida individual y grupal hacia
derroteros de mayor felicidad. Ciertamente, esa misma inteligencia también se puede poner al
servicio del daño y de la infelicidad. Este es un problema permanente para la filosofía, el de
la última justificación del bien y del mal. Aunque no hay una solución precisa a este problema,
si que os invitamos a reflexionar en qué proporción la infelicidad que unos seres humanos nos
causamos a otros está provocada por errores en la administración de nuestra propia conducta.
Hay un filósofo del siglo XVIII,
David Hume
(1711-1776), que pensaba que lo normal es que todo hombre y toda mujer nazcan con una
"simpatía natural", una especie de sentimiento de fondo que nos inclina a sentirnos bien
cultivando simultáneamente la felicidad propia y también la de los demás, y que está en
la raíz de nuestro ser social. A partir de este innato sentimiento de fondo se podrían ir
matizando nuestras emociones básicas, también innatas, de modo inteligente, en la medida
de lo posible.
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Vamos a terminar este tema con una lista de lo que actualmente se considera, desde la
Psicología, el repertorio de capacidades facilitadoras de la convivencia. Entendemos que
estas capacidades suponen una gestión inteligente de nuestras emociones básicas. La lista
que os presentamos está inspirada en los trabajos del psicólogo
Daniel Goleman
(nacido en 1947), psicólogo que ha popularizado la expresión "inteligencia emocional".
Sintetizando, podemos hablar de cuatro capacidades importantes:
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Capacidad de autoconocimiento: saber cuáles son tus puntos positivos y tus debilidades.
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Capacidad de autocontrol: no dejarte arrastrar irreflexivamente por los primeros impulsos.
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Capacidad de empatía: tener en cuenta a los demás.
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Capacidad de gestión social: utilizar recursos de comunicación y de colaboración con los demás.
Terminamos diciendo que sobre esta base de capacidades y actitudes, estudiadas científicamente
por la Psicología, la Filosofía moral o Ética analiza la dimensión moral del ser humano: con
sus normas morales, valores morales y virtudes, conceptos que, junto a otros, serán estudiados
en la siguiente unidad didáctica.
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