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Conocimiento, libertad y moral
Según el planteamiento socrático, una vida que no gobernamos
racionalmente, ni siquiera es, propiamente hablando, nuestra vida. Somos dueños de nuestra
vida y somos, por consiguiente, libres, cuando nuestra razón impone su dictado a nuestra
voluntad. Cuando, por el contrario, nos dejamos arrastrar por la fuerza del ánimo o del
apetito, entonces nos comportamos como esclavos, más que como amos y señores de nuestra vida.
En ausencia de pensamiento y conocimiento, se puede decir que, más que vivir, "somos
vividos por fuerzas que no gobernamos".
Y es contra esta falta de autonomía y de libertad contra lo
que se pronuncia regularmente Sócrates. En un sentido muy preciso, la reivindicación
socrática del conocimiento es una reivindicación de la libertad. Sócrates se da cuenta
de que el conocimiento es condición de la libertad y que la ignorancia, por el contrario,
esclaviza: nos hace dependientes, nos ata indefectiblemente a algo o a alguien. Un
individuo sin conocimiento de sí y del mundo en el que vive es como un barco a la deriva:
no va donde quiere, sino donde es llevado por los vientos y las mareas; y, por lo tanto,
no es libre. Para Sócrates, se trataría de un ser humano que no se comporta como tal, como
le corresponde a un ser humano hacerlo, sino como se comportan los seres irracionales.
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Ahora bien, sólo a propósito de seres racionales con el
conocimiento suficiente para actuar libremente tiene sentido hablar de moral. Sería
absurdo juzgar desde el punto de vista moral a alguien cuya ignorancia le impide actuar
libremente. De lo único que, tal vez, cabría hacerle moralmente responsable es de su
propia ignorancia. Pero no de haber actuado mal, porque -si Sócrates está en lo cierto-
nadie actúa mal sabiendo que lo hace.
Sea como sea, Sócrates no dejará de esforzarse en poner
al descubierto el vínculo existente entre el conocimiento, la libertad y la moral. Y tal
vez sea este esfuerzo lo más característico y destacable de sus reflexiones filosóficas
acerca de la moral.
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