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El emotivismo de David Hume |
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El filósofo escocés
David Hume
(1711-1776) vivió en la época de la Ilustración. Su actividad se desarrolló entre
el Reino Unido y la Europa Continental. Trabajó como profesor universitario y como
diplomático.
Hume es uno los filósofos más representativos de la
corriente filosófica conocida como empirismo. El empirismo da mucha importancia a
la observación y a la experimentación tanto en la ciencia como en el pensamiento.
Desde el punto de vista de la ética, el que aquí
nos interesa, Hume, junto a otros filósofos escoceses del siglo XVII y XVIII, emprende
un estudio de la moral que se aleja de la visión racionalista del hecho moral,
predominante en la filosofías anteriores, tanto la de la antigüedad como la de la
Edad Media, y se incide más en las emociones o pasiones y los sentimientos como
fundamentos de la vida moral; por ello hablamos de emotivismo en Hume.
Por otra parte, hay una característica básica también
en su ética que va a ser rasgo común con gran parte de las éticas y filosofías
modernas. En conjunto, la filosofía de Hume y las demás filosofías de la Edad Moderna,
suponen una nueva perspectiva que se identificará por una paulatina retirada de los
problemas teológicos y metafísicos en favor de un mayor protagonismo de los problemas más
centrados en la naturaleza humana.
Aunque seguirá perviviendo en Europa una ética
fundamentada en la teología y asociada a la religión, la ética de los tiempos modernos,
comparada con la de la Edad Media, será una ética que busca sus fundamentos más
en las características peculiares del ser humano que en Dios o en un cosmos previo
y superior al hombre. Por ello hay historiadores de la ética y de la filosofía que
hablan de "éticas de la era de la conciencia (de la conciencia humana)" para
diferenciarlas de "las éticas del ser" (de Dios o del cosmos superior al hombre).
Nosotros adoptamos también esta calificación.
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Volviendo a la importancia de los sentimientos y de las
emociones, para Hume la moralidad es un tipo de experiencia diferente a la experiencia
lógico-matemática o a la experiencia meramente empírica. Las personas pueden calcular
y relacionar ideas en su mente, como cuando hacemos un problema de matemáticas, y
también pueden observar lo que ocurre a su alrededor, como cuando estudiamos algo
en un laboratorio de Ciencias Naturales o cuando sencillamente observamos un fenómeno,
pero la experiencia de sentirse conmovido moralmente por un hecho es una experiencia
que no se puede deducir de relaciones entre ideas o de hechos experimentados,
al contrario de lo que ocurre cuando hacemos matemáticas o cuando sacamos los resultados
observables de un análisis de laboratorio. La aprobación o el rechazo moral, esto es,
sentirnos bien o mal al valorar moralmente un hecho o una idea, es sencillamente una
experiencia de tipo emocional que nos ocurre sin más.
En su libro "Investigación sobre los principios de
la moral", Hume llega a la conclusión de que lo que nos mueve moralmente es un
"sentimiento de simpatía" básico con el que nacemos como seres naturales y sociales
que somos. Esta simpatía se despierta ante aquello que es útil a la sociedad.
Considera que un hecho inmoral, como una ofensa o un asesinato, es rechazado en
virtud de una cualidad natural del ser humano que le hace tender a aquello que es
más útil para la pervivencia de la sociedad y rechazar aquello que es pernicioso
para la sociedad. Obviamente, una persona se puede equivocar en su valoración, y
ello puede ocurrir porque faltan elementos a considerar, que pueden influir en sus
pasiones y sentimientos, o bien por una educación sentimental o moral deficientes,
o incluso por una naturaleza pervertida a causa de una patología. Veremos que el
término utilidad servirá como noción clave de una corriente ética posterior emparentada
con el emotivismo de Hume: el utilitarismo.
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