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Estas dos teorías éticas destacan entre las teorías más
importantes del siglo XX. Ambas teorías tienen en común su carácter dialógico, es decir,
se preocupan por la dimensión comunicativa y/o lingüística (por ello las consideramos
éticas "de la era del lenguaje"). Están preocupadas por las condiciones de comunicación
en las que los grupos humanos pueden elaborar códigos de valores y normas morales comunes
y beneficiosas para todos los miembros. En este sentido, recogen la herencia de la idea
kantiana del "respeto a la persona" y la preocupación social de los utilitaristas.
Además, estas éticas cuentan también como referente normativo con los derechos humanos
tal como se han ido elaborando en el foro de las Organización de las Naciones Unidas.
Las éticas dialógicas inciden en el estudio de las estrategias
de diálogo entre los individuos porque han llegado a la conclusión que sólo de este modo
se puede construir un mundo moral. Es en una búsqueda conjunta de todos los miembros de
una sociedad como se puede llegar a valores morales positivos y no indagando en una
naturaleza humana en abstracto, desde la mera investigación en un gabinete de filosofía.
En este sentido las éticas dialógicas se ven como superadoras de un excesivo teoreticismo
que estaría presente en gran parte de las éticas anteriores (incluyendo a Kant y a los
utilitaristas), y que, desde una óptica personal, ya había denunciado Nietzsche.
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Veamos de cerca cómo entienden este estudio de lo dialógico
en la ética cada una de las dos teorías:
-La teoría de la justicia como imparcialidad de John Rawls:
El filósofo norteamericano
John Rawls
(1921-2002) fue profesor de Filosofía Política en la Universidad de Harvard. Su libro
más citado es "Teoría de la Justicia". Rawls nos habla de una situación ideal de
imparcialidad que podemos traducir como "posición originaria". Esta situación es un
ideal que nos debe servir de criterio de actuación en el procedimiento a seguir cada
vez que no reunamos para negociar modos de convivencia, tanto desde las instituciones
políticas como en las asociaciones de ciudadanos diversas o entre pequeños grupos de
personas. Dicho ideal es aplicable cuando queremos dotarnos de unos mínimos morales
básicos para todos. ¿Cómo definir esta "posición originaria"? Debemos imaginarnos como
si estuviéramos en el principio de los tiempos y fuéramos los primeros hombres y mujeres
de la historia. En ese caso, sin pasado alguno, ni a nivel colectivo, ni a nivel personal,
no tendríamos estatus sociales previos, no habría situaciones de privilegio previas
heredadas. Aún más, ni siquiera sabríamos si somos más listos o más guapos que los
demás, pues estaríamos en una especie de momento cero de nuestra vida personal.
Para ayudar a imaginar esto Rawls propone que pongamos un cierto
"velo de ignorancia" sobre la situación real y actual que cada uno tiene en las negociaciones
tal como efectivamente se dan. Para establecer por tanto estos mínimos morales básicos
equiparables a todos los hombres y mujeres (los fundamentos morales de los derechos
humanos) toda persona, en la convivencia con los demás, ha de poner un paréntesis en
la tendencia egoísta de aprovecharse de situaciones de ventaja ya sean naturales (mayor
fuerza, ingenio, etc.) o sociales (extracción social, éxito económico, etc.). Hay que
recalcar que esta "posición originaria" (y el consiguiente "velo de ignorancia") es
un artificio "mental" que deberíamos aplicar a modo de compromiso moral. A partir de ahí,
todos actuaríamos, en una diálogo constructivo, asegurándonos mutuamente la libertad básica
y la igualdad fundamental de oportunidades para desarrollar, en nuestras vidas personales,
todas las singularidades naturales y sociales conciliables con unas libertades y unas
igualdades básicas generalizadas.
- La teoría del discurso de Jürgen Habermas:
Jürgen Habermas
(1929) es un filósofo y sociólogo alemán, perteneciente a una escuela filosófica llamada
Escuela de Frankfurt. Ha sido profesor en varias universidades, a destacar la universidad
de Frankfurt. Entre sus libros subrayamos, como importante para el tema específico que
aquí tratamos, el título "Conciencia moral y acción comunicativa".
La teoría ética de Habermas indaga en el lenguaje y en las
situaciones diversas de comunicación entre las personas. Habermas estudia y enuncia una serie
de principios y reglas que deben darse en todo diálogo para que pueda desarrollarse y
concluir desde un interés moral mutuo. Un diálogo que sigue dichos principios y reglas
es un verdadero discurso moral, o simplemente "discurso", como lo llama, abreviando,
Habermas. Por tanto, las normas del "discurso", tal como las concibe Habermas, son normas
éticas a las que debemos comprometernos para tender a una situación ideal de comunicación
moral. Resumimos dichas normas en los siguientes puntos:
- No se debe excluir del diálogo a ninguna persona que
manifieste tener intereses en el problema sobre el que se dialogue.
- Una vez en el diálogo todos los interesados tienen igual
derecho a la palabra, sin ser coaccionados cuando hablen.
- Ha de comprobarse colectivamente que la conclusión o norma
moral concreta a la que se llegue después del diálogo sea asumida por todos los afectados.
Es decir, que todos los que tengan relación con la norma concreta acepten las consecuencias
de estar bajo la misma.
Habermas piensa que estas condiciones ideales son importantísimas
para construir nuestras sociedades democráticas y plurales desde una fundamentación moral sólida.
Reflexionando sobre estas condiciones del discurso podemos
comprobar que los valores de la imparcialidad, la libertad y la igualdad, ligados al artificio
mental de la posición originaria en la ética de Rawls, también alientan en la comunicación o
diálogo ideal de la ética habermasiana del discurso.
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